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Gitanilla de Catalá-Roca Arturo, el patriarca de los gitanos, comprobó que aquellos campos baldíos eran idóneos para el asentamiento de su gente. Encontró algunos contenedores que, en su día, transportaron mercancías, con lo cual tuvieron resuelto el tema de la vivienda. Había organizado a su familia, basándose en normas no escritas, pero sí trasmitidas secularmente. Satisfecho con el resultado , golpeó el suelo con su bastón, girándose cara al río. No lejos de allí, una media estructura erguida hacía gala de su decadencia. La actividad desplegada por unas máquinas llamó la atención de Arturo. Hacia él caminaban unos hombres envueltos en chalecos amarillos y amparados con cascos. Uno de ellos llevó la voz cantante, diciéndole que ya se había empezado a nivelar el terreno para la ampliación de la fábrica de celulosa. Por lo tanto habían de marchar. Tenemos que levantar nuestras pertenencias -anunció a voz en grito a su gente- empezad a recoger.....
El farero Michel desempeñaba uno de los oficios más antiguos del mundo.  Siempre ojo avizor, daba luz a los navegantes o a quienes intentaban una proeza sin más propósito que el riesgo de una aventura. Compartía espacio con una misteriosa mujer, nacida en la paz del crepúsculo y fenecida en los brazos de la noche. Parían millones de vástagos de vida breve. No llegaban a tiempo de cobijarlos, nacían y se estrellaban contra las rocas con una furia indomable. De vez en cuando echaba sus pasos entre perfectos empedrados, sin saber si se  alejaba de la realidad o de un sueño... Hasta que un día una sombra atrapó su mirada. Era difícil describir aquella impresión. Michel alargó la mao rozando una piel plateada de luna. Como un mutante abandonó la suya, liberó del ostracismo al corazón estallando en un gélido grito. Desde aquel día los espejos del faro proyectaban la luz verde y afilada de los ojos de una mamba. La noche no cerraba sus fauces,.. Ana