Gitanilla
de Catalá-Roca
Arturo,
el patriarca de los gitanos, comprobó que aquellos campos baldíos
eran idóneos para el asentamiento de su gente. Encontró algunos
contenedores que, en su día, transportaron mercancías, con lo cual
tuvieron resuelto el tema de la vivienda.
Había
organizado a su familia, basándose en normas no escritas, pero sí
trasmitidas secularmente. Satisfecho con el resultado , golpeó el
suelo con su bastón, girándose cara al río.
No
lejos de allí, una media estructura erguida hacía gala de su
decadencia. La actividad desplegada por unas máquinas llamó la
atención de Arturo. Hacia él caminaban unos hombres envueltos en
chalecos amarillos y amparados con cascos. Uno de ellos llevó la voz
cantante, diciéndole que ya se había empezado a nivelar el terreno
para la ampliación de la fábrica de celulosa. Por lo tanto habían
de marchar.
- Tenemos que levantar nuestras pertenencias -anunció a voz en grito a su gente- empezad a recoger....!! Con ese mensaje desapareció la tranquilidad de la endeble estabilidad. Los niños se habían instruído en el arte de la improvisación.
Naiara
estaba desorientada, rondaba por los alrededores buscando la mascota
que asustada, había desaparecido .
Se
acercó despacio a los matorrales, llamándola bajito:
Pelusa.....ven....La gata
salió temblando de miedo. La cubrió y fundió contra su pecho.
Trataba de protegerla contra cualquier amenaza, eran dos seres
consustanciados en uno.
El
fotógrafo plasmó su intencionalidad en esa imagen. Lo existente y
la imaginación quedaron grabadas en un haz de luz.
Direccionó
la cámara hacia un segundo plano, la industria, activa, productiva,
se había consolidado como una promesa de progreso. Pintaba
densamente de gris el futuro.
El
ojo focalizó un primer plano de presencia racial, Naiara. Hacia su
pequeña inmensidad fijó el objetivo. En sus ojos las preguntas
silenciadas. La inocencia y el temor ante lo desconocido completaron
la escena.
El
desarraigo fue el marco de esa imagen. La ruptura social, la esencia
de la misma.

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