El farero
Michel desempeñaba uno de los oficios más antiguos del mundo.
Siempre ojo avizor, daba luz a los navegantes o a quienes intentaban una proeza sin más propósito que el riesgo de una aventura.
Compartía espacio con una misteriosa mujer, nacida en la paz del crepúsculo y fenecida en los brazos de la noche.
Parían millones de vástagos de vida breve. No llegaban a tiempo de cobijarlos, nacían y se estrellaban contra las rocas con una furia indomable.
De vez en cuando echaba sus pasos entre perfectos empedrados, sin saber si se alejaba de la realidad o de un sueño...
Hasta que un día una sombra atrapó su mirada. Era difícil describir aquella impresión.
Michel alargó la mao rozando una piel plateada de luna.
Como un mutante abandonó la suya, liberó del ostracismo al corazón estallando en un gélido grito.
Desde aquel día los espejos del faro proyectaban la luz verde y afilada de los ojos de una mamba.
La noche no cerraba sus fauces,..
Ana
Michel desempeñaba uno de los oficios más antiguos del mundo.
Siempre ojo avizor, daba luz a los navegantes o a quienes intentaban una proeza sin más propósito que el riesgo de una aventura.
Compartía espacio con una misteriosa mujer, nacida en la paz del crepúsculo y fenecida en los brazos de la noche.
Parían millones de vástagos de vida breve. No llegaban a tiempo de cobijarlos, nacían y se estrellaban contra las rocas con una furia indomable.
De vez en cuando echaba sus pasos entre perfectos empedrados, sin saber si se alejaba de la realidad o de un sueño...
Hasta que un día una sombra atrapó su mirada. Era difícil describir aquella impresión.
Michel alargó la mao rozando una piel plateada de luna.
Como un mutante abandonó la suya, liberó del ostracismo al corazón estallando en un gélido grito.
Desde aquel día los espejos del faro proyectaban la luz verde y afilada de los ojos de una mamba.
La noche no cerraba sus fauces,..
Ana
No sé si os gusta , pero si sé que pongo la vida en ellos
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